domingo, 4 de octubre de 2015

La Casa de Mon Pelato, las brujas y Enrique González Fiol


 
La primitiva casa de Mon Pelat o Mon Pelato, fue posteriormente conocida como casa Morillo de Latorre (Castejón de Sobrarbe) y después como casa Valenciano. Su propietario en 1923, Enrique González Fiol, en un relato entre lo real y lo fantástico, indicó que también era conocida como Casa de las brujas. Estos nombres diferentes de la casa aluden a su larga historia de la que hoy doy unas pinceladas, susceptibles de ser ampliadas en un futuro.
En el año 1486 Johan Giral vivía en la casa de Monpelat, perteneciente a la aldea de Sarrotila, barrio de Castejón de Sobrarbe. En el año 1560 se fundó una capellanía en Mon Pelato, con 5000 sueldos de propiedad, en una pequeña y muy bonita iglesia realizada a mediados del siglo XVI y que aún se conserva en la actualidad. En 1597 Domingo Giral vivía en Mon Pelat y en 1600 el dueño era Domingo Açenar de Giral. En el año 1644 se documenta Domingo Giral, de Mon Pelato.
Los Giral de Mon Pelato llegaron a ser Señores, al 50%, de la localidad de Borrastre. Fueron prestamistas y tuvieron un alto nivel económico. Así mismo, había clérigos y posiblemente un notario. En aquellos años la casa también se llamó Casa de Domingo Giral.
A principios del siglo XVIII el dueño era Juan Cavero, casado con Ana Escapa. Su hijo Juan Cavero Escapa, de la casa de Mon Pelato de Latorre, casó en 1747 con María Arasanz Salinas, natural de La Pardina, barrio de Castejón. En estos momentos la economía familiar no tenía la bonanza de siglos pasados. En el siglo XVIII, segunda mitad, se acabó abandonando la denominación de Mon Pelato por la más amplia de Latorre, barrio de Castejón.
En 1753 se firmó un sorprendente convenio entre los dueños de la casa de Mon Pelato y el matrimonio conformado por Joseph Monclús e Isabel Anna Pardina, mediante el cual se comprometían a vivir todos en la misma casa. Todos deberían trabajar en beneficio de la casa, siendo sustentados en ella, y los hijos dotados al haber y poder de la casa. Los dueños serían usufructuarios, y en caso de fallecer, el usufructo recaería en Joseph Monclús y su esposa, quienes aportaron a la casa sus bienes. En caso de discordia entre ambos matrimonios, entonces se procedería a la partición por la mitad de la casa y bienes. En 1755 se advierte que hay problemas importantes entre los dos matrimonios, haciéndose la situación insostenible.
En el año 1763 Ana María Cavero Arasanz fue nombrada heredera por sus padres, contrayendo matrimonio con Martín Morillo Broto, natural de Banastón. Los problemas en la casa iban a más, quizá debido a los acuerdos de 1753. En 1769 hubo un “alboroto” y se procedió a la prisión de Martín Morillo, con aprehensión de sus bienes sitios y muebles. Además, para colmo de desdichas, su casa principal y la de su familia se quemó; se les echó de ella y se les desposeyó de sus bienes que luego recuperaron, al menos en parte.
En el año 1798 Josef Morillo Cavero, heredero de la casa, contrajo matrimonio con Raymunda Lisa y Maza de Lizana, natural de Banastón. Los dueños de la casa se siguieron apellidando Morillo hasta finales del siglo XIX, si bien la economía familiar cada vez estaba peor. En 1894 la situación era insostenible, con casi todo el patrimonio empeñado. Entonces, los dueños, Antonio Morillo Lascorz y su esposa Andresa Pascual Oliván, procedieron a la venta condicional de casa y tierras a favor de José González Giménez y su esposa Desamparados Fiol Esteve, vecinos de Valencia. Fue una venta especial puesto que los vendedores podrían vivir en la casa hasta el final de sus días, recibiendo sustento y obligándose a trabajar los campos, y su hija sería dotada por los compradores, en una cantidad de dinero estipulada en la compraventa.
A partir del año 1915 rige la casa Enrique González Fiol, escritor y periodista, residente en Madrid. Heredó los bienes que habían sido de sus padres.
Enrique González Fiol normalmente residía en Madrid, si bien pasaba temporadas en su casa sita en el barrio de Latorre, perteneciente al municipio de Castejón de Sobrarbe. Él siempre dijo que era de Castejón de Sobrarbe, oriundo de una de sus aldeas, ocultando que residía en el barrio de Latorre.
 
González Fiol fue un hombre culto e inteligente, de ideas innovadoras, dejando una extensa e interesante obra literaria, habiendo en ella algunas referencias a Sobrarbe, como es el caso de un artículo titulado: “La casa de las brujas”. Como bien dice su autor, en ese relato se mezcla lo real y lo fantástico. La parte del texto real viene a ser autobiográfica. La casa protagonista (ver fotografía), es la casa que en aquellos momentos era propiedad del escritor González Fiol, ubicada actualmente en la aldea de Latorre, primitiva casa de Mon Pelato. Es muy probable que el padre de E. González Fiol, llamado José González Giménez, hubiera nacido en la aldea de Latorre, tal y como consta en el relato sobre la casa de las brujas y en la novela “…Te diré lo que es amor”, que en parte es autobiográfica. El apellido González se documenta en Latorre, aldea de Castejón, a finales del siglo XVIII, donde residían en 1797 Josef González y su esposa Josefa Sánchez. En 1822 José González estaba casado con María Ximénez.
Desde el siglo XVIII en la casa de Mon Pelato se sucedieron una serie de desgracias que pudieron motivar que la gente de la zona pensara que era una casa embrujada. En la primera mitad del siglo XX la familia de E. González Fiol tuvo que soportar un conjunto de adversidades acordes con la fama de la casa. Por ejemplo, la madre de González Fiol falleció al poco tiempo de la adquisición de la casa. Aunque González Fiol era aparentemente muy racional y creía no creer en las brujas, después de lo que le pasó a él y a su entorno familiar, cuando menos surgió la duda. En agosto de 1918 escribió: “Esperando reconstruir mis nervios destrozados por sin número de contrariedades, llevaba yo -no sé si huido y hastiado de la vida literaria y periodística-, unos meses refugiado en Castejón de Sobrarbe".

 
En su relato “LA CASA DE LAS BRUJAS” Enrique González Fiol quiso terminar con una bonita frase llena de esperanza, que también sirve para finalizar este artículo: ¡Contra el verdadero amor no hay nada ni nadie que pueda vencer! ¡Ni las brujas!...

 

 

 

 

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